martes, 31 de marzo de 2026

Eran las 3 de la mañana

 

No sé si eran 3 cervezas o 2 bacachos,
no sé si iban 6 meses o 4 cigarros
convenciéndome que no está tan mal
despertar con una lata de carta blanca al lado

y el frío, el maldito frío.

No sé si fue el lugar abarrotado
o las ganas de seguir tomando
escapándome de la puesta del reloj
otro viernes medio apesumbrado,

y el frío, el maldito frío.

Quizá fueron las noches en blanco
igual que papel callado,
el insomnio dando next en la pantalla
o que ya me estoy quedando calvo

o el frío, el maldito frío. 

Pero eran las 3 de la mañana
y no dejabas de reír de mis babosadas,
y no querías irte a casa
y yo no quería que me dejaras,

en el frío, el maldito.

Y de repente me sentí feliz
y tomé tu mano, así
que besé después tu pasado
como si fueran tus labios,

y tu risa, tu bendita risa.

Y no lo planee te lo juro
que llegué sin esperar nada,
igual que me pasa entre Agosto y Julio
pero eran las 3 de la mañana,

y estaba tu risa, tu bendita risa.

Y cambié mi cerveza por tu cintura
y el insomnio lo mandé a dormir en la repisa,
y cancelé las ganas de largarme tan aprisa,
cambié tanto, que hasta cambié, el frío,

por tu risa, tu bendita risa. 

 




 

 


 

viernes, 20 de marzo de 2026

Yo quería ser el de los pelos amarillos,

Cuando era niño, frente al televisor
yo quería ser el de los pelos amarillos,
traje naranja, un lazo negro amarrado a la cintura,
o abajito de la panza, da lo mismo,
y pelear con mis enemigos,
de este mundo o del otro, 
reales o los que me inventé yo,

una patada al bully que me quitaba el lonche,
- chingado hoy era de jamón y no era de sopa de arroz -
un puñetazo al que se burlaba de mis cachetes,
un "kame hame ha" al pendejo abusador,
o una henkidama al el divorcio de mis padres
por favor.

Quería volar y no llegar tarde nunca,
a la escuela, al cumpleaños de mi primo,
al catecismo,a la fila de las tortillas.
Que cuando el dolor o la rabia
fueran más grandes que mi propio yo
saliera mi ki, y rayos,
y se me pusieran los pelos amarillos,
pero a mi sólo se me ponían los ojos llorosos,
y las manos apretadas, inútiles
de tanto temblor.

Quería ganar el torneo de las artes marciales,
o el de la primaria, o que al menos
me pusieran de otra cosa
pero ya no de portero
en los partidos de futbol,

ganar la pelea del universo contra el emperador,
y ser el más fuerte de todos los mundos, 
o de ese mundo o de mi mundo,
o al menos, que el pinche asma me dejara
correr más de media cuadra
sin sentir dolor,

pero cada vez que lo intentaba,
se sentía igualito a cuando nos regresaban
así de chinghadazo
al principio de la transmisión, 
¡"otra vez el pinche Raditz"!
eso ya lo vimos señor programador.

Se sentía igualito a cuando quería
estar en la escolta
para demostrar que si puedo,
o colarme en el cuadro de honor,
igualito a mis intentos
de esta vez ya no chingarme
a quien no debo, por pendejo,
más que por cabrón.

Yo quería ser el de los pelos amarillos,
pero la piel se me puso verde,
y me salieron alas de insecto,
y nunca evolucioné
y no por falta de intención o de intensión.
(con s y con c)

Yo, de niño, frente a la tele,
quería ser el de los pelos amarillos,
casarme y tener hijos
- que mi suegro nos mantenga es opcional, corrijo -
ser quizá medio pendejo pero buen tipo,
o ser el de las entradas,
orgulloso, príncipe guerrero, buen padre,
el que se casa con la más lista,
oséa, buen tipo;
pero a mi no me salió ser héroe,
a mi me tocó ser el de piel verde,
con el cuerpo lleno de manchas,
y alas de bicho.





 

Suponiendo que alguna vez haya pasado.


Debería volver 
- suponiendo que alguna vez haya pasado -
a escribir furiosamente, rabiosamente, 
igual que las putas que no han cobrado, 
igual que las palabras que nadie ha pronunciado
pero están ahí quemando
en la boca del esclavo
o en la espalda del pinche diputado .

Debería volver
a desgarrarme en palabras,
a la chingada los goteros, 
la mesura, la cordura, la tibieza,
los buenos modales, aparentar lo que ni quiero. 
todo es premura, urgencia, asfixiante necesidad,
ganas de llegar primero.

Porque la vida
- la real y la que nos inventamos -
se nos va
como en el motel orgasmos, 
como tequila en las despedidas,
como cigarros en la esquina de los olvidados, 
y cuando nos damos cuenta
son demasiadas muertes las que nos contamos
propias y ajenas,
de mar y mareas,
de cielo y suelo,
de mañana y pasado.

Y en la lengua se nos forman las palabras 
y se empujan, se arremolinan
y salen todas pendejas,
intentando decir rabiosamente,
desesperadamente,
mirando a la cara el fin del mundo,
que ya estuvo bueno de quemarnos dentro,
de despedazarnos dentro,
de esperar el famoso y pinche "mejor momento"

                                                y seguir callados.