Debería volver
- suponiendo que alguna vez haya pasado -
a escribir furiosamente, rabiosamente,
igual que las putas que no han cobrado,
igual que las palabras que nadie ha pronunciado
pero están ahí quemando
en la boca del esclavo
o en la espalda del pinche diputado .
Debería volver
a desgarrarme en palabras,
a la chingada los goteros,
la mesura, la cordura, la tibieza,
los buenos modales, aparentar lo que ni quiero.
todo es premura, urgencia, asfixiante necesidad,
ganas de llegar primero.
Porque la vida
- la real y la que nos inventamos -
se nos va
como en el motel orgasmos,
como tequila en las despedidas,
como cigarros en la esquina de los olvidados,
y cuando nos damos cuenta
son demasiadas muertes las que nos contamos
propias y ajenas,
de mar y mareas,
de cielo y suelo,
de mañana y pasado.
Y en la lengua se nos forman las palabras
y se empujan, se arremolinan
y salen todas pendejas,
intentando decir rabiosamente,
desesperadamente,
mirando a la cara el fin del mundo,
que ya estuvo bueno de quemarnos dentro,
de despedazarnos dentro,
de esperar el famoso y pinche "mejor momento"

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