Hay una manera de que me hagas completamente feliz, amor mío, muerete" (jaime. Sabines)
Si tienes buenas frases de la muerte,
... ppsss, hasmelas saber, solo por ocio y curiosodad.
Este poema prosaico y en prosa, lo hice el día que enterramos a un tío que muriò enfermo y miserablemente, tiene mucho odio y frustración, pero aun creo en lo que escribí aquel día.
Y dijo: hagase la muerte y la muerte pensó que era un chiste.
Prefiero guardar mis cenizas en una lata de coca cola o en un vaso de starbucks, que tener un lugar para ser llorado cada noviembre y en cada cumpleaños de vida y en cada cumpleaños de muerte.
Rosas para mis huesos secos y caricias a mi rostro desinflado, escupiría en su cara antes de aceptar el amor extemporaneo, si mi piel no se granula no me sirven las caricias ni las palabras de amor, el amor no es un merecimiento más que le otorgue a la lastima por mi cuerpo muerto.
La muerte está escrita en las uñas de mis pies y en la parte de mi espalda que no puedo tocar con mis manos, es una mancha, un cáncer, una bendición perpetua que se extiende con las horas del reloj y me cubre desde dentro de mis entrañas. La muerte es el sentimiento que solo me permito en sueños y alejado de todas las miradas, que nadie sepa de mis miedos y de mis debilidades.
Es la idea de la muerte definitiva que me corrompe la paz en mis venas, mil veces he muerto en mi propia muerte, la cumulo en mis manos, se derrama como arena en mis dedos, muero en cada llanto, muero en cada noche a solas abrazando la almohada o su espalda indiferente, muero en el silencio que hace la radio a todo volumen para ignorar mis palabras, muero y vuelvo a morir mil veces frente al espejo, cuchillo en mano y ciento volando.
Soy la rama torcida en el árbol que es dios, la que da a borbotones uvas que se vuelven espinas y rosas, el higo envinado para los labios del viajero sediento, soy la rama que se esconde del tronco, tras otras ramas y tras sus propias hojas y delante de mis propios ojos.
Soy caoba y roble destinado al incendio, soy el fuego que guardo dentro y el agua de tus manos y la arena bajo tus rodillas.
He de negarte tres veces, mi muerte es mi templo reconstruido en 24 horas al servicio de la comunidad, mi muerte es autoservicio sin valet parking, con boleto de ida y vuelta a morir de viejo.
Prefiero llenarme de plomo la cabeza antes de mirarte hacia arriba desde una silla de ruedas, prefiero llenarme de cáncer los pulmones antes de arrepentirme por haberme muerto tan jodidamente sano.
Y me pinto de muerte la cara en noviembre y río por el té amargo con piquete, y canto canciones que nadie mas conoce para ver caras de asombro, y bailo la danza desde mi cómodo sofá, y contemplo los ires y venires de la gente y los fantasmas de la gente buscando el mejor lugar para clavarme una estocada y una daga y ningun puñal.
Pinto en mi pecho círculos rojos y blancos -concéntricos- para no perder el rumbo y para que jamas me confundan con otro, mi muerte ha de ser intransferible, como mis pasos y como mi risa, que por no poder donarse prefirió morirse de vergüenza.
Prefiero mi jardín detrás del patio, donde guardan las escobas y los cacharros viejos que un espacio entre lapidas pequeñas e inscripciones tan dulces que causan nauseas; prefiero el expresso contra el descafeinado, si ha de leerse algo a mi recuerdo espero que sea: "disfrutese bien frió" o "siempre cocacola".
Que los niños pregunten por el olor a café y no por el aroma de flores baratas vendidas pro docenas, las únicas docenas que aceptare serán las de mis huevos en el desayuno.
Y dije: huyamos de la muerte y la muerte se sentó a llorar a mi lado.