sábado, 16 de enero de 2016

Voy a bien odiarte

Voy a bien odiarte.

Para procurarme el olvido,
para que tus senos no me duelan
en las manos, ni tus besos en los labios,
para que no falte el aire
en cada letra
de tu nombre:
aquí
donde no hay
risa sino tu
imagen
acariciando mi
naufragio
alacrán
en dónde invento y repaso
el color de tu ausencia
para olvidarte,
para olvidar,
para
no sé
qué chingados
estoy haciendo
aquí.



Déjame odiarte



Déjame odiarte con todo el vapor
que escapa de mi taza de café.
Con las cortinas abiertas
para que la ira se seque
con el sol y con la sal
del domingo.

Déjame odiarte para caminar
por las calles en que detuve tu marcha
para callarte a besos,
para sobrevivir a la oscuridad
en que aparté el miedo
con mis labios
y tu ropa con mis manos.

Déjame odiarte en cada canción
que me susurre tu nombre,
en cada butaca que no ocupamos,
en cada paso que no dimos
juntos, en los sueños, 
en las camas que se quedaron
esperando a lo pendejo.

Voy a odiarte con la misma furia
con que ato mis zapatos
y desato mi corbata.
Voy a odiarte como único recurso
para ocupar mi cerveza en otro nombre
y mi almohada en otro sueño
de cabello alborotado.

Voy a odiarte porque ya no sé
que hacer con el amor
que dejé para más tarde
y que susurra tu nombre a mi oído,
suavecito en las mañanas
y tan dulcemente
- tan gandallamente -
cada vez que acerco
a la almohada mi cabeza.





jueves, 17 de diciembre de 2015

Que tu recuerdo sea quien muera entre mis brazos, no al revés.


Dice Jorge Villalpando que me lee como hace años, con "insolente nostalgia", tiene razón.
Bebámonos unas cervezas para darnos - de nuevo - la razón.


Nostalgias insolentes

Hay nostalgias que abro entre libros,
entre comas y siga por favor bebiendo.
Hay recuerdos que me invento para seguir viviendo,
y un montón de sueños en almohadas en que ya no duermo.

Tengo un puñado de rencores que descansan
en otras manos con la soledad a medias.
Hay ganas de andar sin zapatos,
esperanzas de levantar la mirada/ el vuelo/ el canto.

Hay ganas de cerrar las puertas, las heridas,
de iniciar a sonreír de tanto en tonto, confiado, confiando
en que el silencio es paz y el amor una mirada,
¿qué sembramos en otros ojos que ya no dicen nada?

Hay nostalgias canallas, insolentes
como dormir en la boca ajena,
en la piel que llevamos en las manos
pero ya no nos pertenece.


jueves, 19 de noviembre de 2015

Estoy harto -sospecho-

De buscar un beso entre las piedras,
un buenas noches en el infomercial,
de pretender que volver es igual a no haberse ido,
que mi agenda no esta llena de llamadas sin contestar.

De callarme las ganas de mandarte al diablo,
de la necesidad pendeja de creer en tus mentiras,
de la urgencia lacerante de tus labios,
o de los labios de cualquiera que quiera estar.

De sentarme quietecito bajo el árbol,
de mirar como la rabia crece,
de esperar por tu vuelta,
de nombrarte sin que te importe más.

De tu puta indiferencia,
de tus buenos deseos cuando lejos,
de tu sana distancia cuando cerca,
del sonido muerto del mar.

De tu mirada de niña,
de tu sonrisa cabrona,
de tu juego de estira y afloja
la tira de vena aorta.

De que veas mi corazón en blanco,
de escribirte canciones en mi cama,
de esperar a que llegues a cantarlas,
de estas ganas de verte temblar.

Del miedo, de tu ausencia,
de tu puta indiferencia -confirmo-,
de tu cariño perfectamente meditado,
de buscarte el rostro en cualquier p.

De decir tu nombre para que me llames,
de desearte buenos días,
de beberte en mi café,
de invitarte a mis lugares.

De escuchar que esta vez no, quizá después,
de que al lunes le siga otro lunes,
de mirar la pantalla buscando tu nombre,
de encontrar tanto espacio en tu lugar.

De esperar tu voz,
de soñar tu voz,
de rogar por tu voz,
de ajustarme este bozal.

Piedras frente a la mirada.

Hay una lluvia de piedras frente a mis ojos,
una vuelta imposible cayendo en mi pecho,
adentro,
entre tripas y recuerdos mis enanos beben,
y yo quiero mandar todo al carajo,
desatornillarme el alma,
dejar mi corazón en cualquier esquina,
a los pies de las putas
o dentro de un cesto de basura,

da igual noche que ceguera,
es igual lengua que hielo,
piel o aire,
recuerdo y despedida,

hay una lluvia de piedras haciéndose trinchera,
levantando sus manos - de piedra- frente a mi rostro,
hay un lugar menos jodido que afuera,
hay una gotera cálida en el lavamanos
cruzando la sala,

me da igual tu nombre que cualquiera,
todos sirven para un carajo,
las mil hadas, las mil putas, las palabras,
las 40 noches, los ladrones,
el puente debajo de mi cama,
el recuerdo de tu calle,
de mi pendeja sonrisa en tu acera,

me pierdo en la sonrisa que no tengo,
Adan busca a Eva y se mete con cualquiera,
la serpiente canta,
y confiesa que tiene
el alma de colibrí.

Las piedras vuelan
y nada levanta mi espalda,
el agujero en mi pecho
se llena de espinas,
de páginas,
de recortes de revistas,
con las buenas noticias de los diarios,
se queda solo y no quiere,
apenas respira,
para pasar desapercibido
de la risa fuera de lugar,
vete al pito,
con tu risa y tus labios,
con tus senos,
con tu cara llena de tu sonrisa más pendeja.

El odio es la soledad más profunda,
supongo que hoy estoy solo.

domingo, 16 de agosto de 2015

esperarTE



Me recuesto en la esquina de la cama
con el cuerpo reunido entre las sabanas,
tengo tres mutilaciones y media
colgando de la espalda.

Me levanto a espiar a la ventana,
que nadie se mueva,
que nada cambie,
que no llueva.

Sorbo el cafe de mis manos,
me queman los pies, los pasos
que hay de tu cuerpo a mis ganas
de despertar con los ojos cerrados.

Me espanto con mi cara,
sin tus besos,
me escondo de mi
frente al espejo,

reniego de mi espalda
sin tu uñas clavadas,
en cada espacio al que vuelvo
vuelo, bebo, espero.

Me recuesto en la esquina de la sala,
esperando por el libro que no vimos,
por la copa de vino que debió derramarse
por tus senos, en tus labios o los míos.

Me recuesto sobre hojas de papel
¿Quién cae del árbol?
si aún te espero donde soy sed,
cuando te sueño, con mis manos.

sábado, 15 de agosto de 2015

Quiero verte



Quiero verte llorando,
con el alma destrozada
y el corazón roto
entre las manos.

Quiero que sientas
todo el dolor del mundo,
que te arrepientas
con todas tus voces
- de lobo -.

Quiero verte olvidada,
con el rostro ensombrecido,
con el cuerpo acosado
por la más jodida soledad.

Quiero encontrarte,
perdida, sin saber de rutas
o alas, envuelta en fantasmas
sin pies de bailar.

Que no llegue la sonrisa
a tu rostro, ni los besos
a tus labios, ni el calor
a tu espalda.

Que todo sea frío,
que todo se vuelva
un recuerdo borroso,
incierto.

Quiero verte llorando,
con el futuro a pedazos,
con el pasado en los brazos,
callada, cayendo.

Quiero encontrarte,
sin esperanza,
sin amor para pagar la cuenta,
sin ganas de dar
el siguiente paso.

Para que me extrañes
igual que se extraña
a un hijo o un brazo,
para que vuelvas a mi,
porque jamás te haz largado.

Para que sepas que mi infierno,
es mejor que morir sola,
y estar sola,
llorando.